La sociedad, mi feminidad y el feminismo
Gioconda de mi vida, por tu influencia
tu palabra fuerte y seductora
por la admiración
Gioconda Belli.. Gioconda Bella.
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Camino en esta carretera, dicen que caminar en medio de esto sería un suicidio. Camino con cautela. Me han dicho mil veces que no puedo y los medios de comunicación me han creado muy dentro de mi la idea de lo que siempre debí ser y no soy. Escucho los miedos de todas las mujeres y como muchas los disfrazan con un gusto estilo vogue de vestir. Mi miedo me ha llevado al extremo y de adolescente desee haber sido bonita, delgada, recatada y silenciosa. Pero como dijo Gioconda Belli, “desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar las que pude haber sido, las mujeres primorosas, hacendosas buenas esposas, dechado de virtudes que deseara mi madre”. No lo soy.
Me declaro feminista. Femenina con orgullo. Creo en el feminismo que hace libre a la mujer. Que realmente librera. Que invita a que convertirnos en personas reflexivas, reconocernos como personajes importantes en nuestras vidas, que ve al hombre como su compañero y no como su propiedad, que busca una equidad. una Anamaría que reconoce a sus semejantes como seres humanos hermosos y evita, en cuanto logra atar la bestia de su herencia machista, el llamarle puta a otra mujer.
Un feminismo libera a las adolescentes de la bulimia y la anorexia, que influye a que una mujer se valore por lo que piensa, se sepa persona y agente de cambio. Que deja de ver las revistas y compararse y se mira en el espejo como un ser humano único. Que se da cuenta que la belleza viene de la seguridad interna y de sentirte feliz en tu piel.
Quiero ser una feminista que cambie mi vida. Reconozco mis miedos, mis “ya no puedo”. Y recuerdo las veces que he querido ganarme la aceptación de mi entorno social. Me he perdido en noches de depresiones por sentir que “no quepo en el molde perfecto de sus sueños”. No seré la ama de casa idónea, pero si una mujer que se sienta realizada por haber cumplido sus sueños y metas.
Han pasado dos generaciones en mi familia para estar en esta posición. Mi abuela tuvo su primer hija a los 14 años, no sabía leer ni escribir, mi mamá llegó a bachillerato y su vida fue sacar adelante a su familia. Estoy cursando ultimo año de universidad. Sé que con estas tendencias estoy en un lugar privilegiado. Según los resultados de los censos en El Salvador pareciera ser que a lo largo del siglo XX ocurrieron grandes cambios en la vida de las mujeres salvadoreñas. Hace a penas dos generaciones, la educación era un privilegio exclusivo de la clase alta. Ahora en mayoría mujeres de todos los estratos sociales valoran y buscan educarse. Tres de cada cuatro mujeres están alfabetizadas. Dos de cada cien estudian en la universidad, cuando esto era impensable hace cincuenta años.
Me reconozco mujer con una lucha constante, descubriendome a diario, detectando los tan intrínsecos rasgos de machismo que se sembraron durante mi niñez y adolescencia y trato de ir poco a poco eliminandolos de mi vida. Los prejuicios que tanto daño me hicieron, esos que me dominaron durante años y por haber estudiado en ese colegio de monjas en el que me hicieron creer que tener un pensamiento libre me hacia una mala persona, que los noviazgos eran indecentes y solo lograron despertar más en mi el morbo. Me reconozco mujer que ama y la aman, y que lucha día a día por tener discusiones en el que se use más el logos que el pathos. Me Reconozco mujer, mujer en una crecimiento, mujer con miedos, mujer con aprendizajes, mujer con deseos sexuales, mujer-mujer, Mujer Anamaria.












