Para decir con Dios… nos sobraban motivos

Quién hubiese pen­sado que esta can­cion estaba siendo tocada un día antes… pro­fetico.. profetico.

Dice Anto­nio, que Joaquin Sabina Siem­pre tiene las pal­abras exac­tas para cada ocación… Te doy toooda la razon Anto­nio. Abra­zos! (Acá la can­ción y más abajo la letra)

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Esta sala de espera sin esperanza,

estas pilas de un tim­bre que se secó,
esta mala ven­tura, esta con­tradanza,
este tráiler de mudan­zas,
con los mue­bles del amor.
Esta cam­pana herida en el cam­pa­nario,
esta mitad par­tida por la mitad,
estos besos de Judas, este cal­vario,
este look de pre­sidiario,
esta cura de humil­dad.
Este cam­bio de acera de tus caderas,
este payaso que ya no hace reír,
este arra­bal sin gril­los en pri­mav­era,
ni espal­das con cre­mallera,
ni anil­los de pre­sumir.
Este dulce de leche con­t­a­m­i­nado,
este perro andaluz sin domes­ticar,
este orgullo de principe destron­ado,
esta esquina del pecado,
esta ruina de Don Juan.
No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan mal­tre­cho y ajado
que está cer­rado por der­ribo.
Por las arru­gas de mi voz
se fil­tra la des­o­lación
de saber que estos son
los últi­mos ver­sos que te escribo,
para decir “con­dios” a los dos
nos sobran los motivos.
Esta necesi­dad de nece­si­tarte,
este lla­marte sin quer­erte lla­mar,
este olvi­darme del deber de olvi­darte,
este lunes, este martes
y el miér­coles que ven­drá.
Esta lágrima de hom­bre de las cav­er­nas,
esta horma del zap­ato de Barba Azul,
que poco rato dura la vida eterna
por el túnel de tus pier­nas
entre Cór­doba y Maipú.
Esta gui­tarra húer­fana y deli­rante,
con su terco knock knockin’ on heaven’s door,
estos dedos que dejan caer un guante,
del­i­cado y tran­shu­mante,
a los pies de un trovador.
Este Land Rover aparcado en tu puerta,
la rueca de Pené­lope en el Luna Park,
este sueño que sueña que se despierta,
esta cara­cola muerta
sin la gramola del mar.
No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan mal­tre­cho y ajado
que está cer­rado por der­ribo.
Por las arru­gas de mi voz
se fil­tra la des­o­lación
de saber que estos son
los últi­mos ver­sos que te escribo,
para decir “con­dios” a los dos
nos sobran los motivos.

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