Señor? señor? –me decía él con una voz tan peculiar que vibraba en mi pecho. -¿Está bien?
Su voz tenia ese tono humilde, sencillo, apenado, que hacía ya meses no escuchaba. Hay cosas que no cambian, voces que me llaman. Que me recuerdan que a kilometros está mi casa.
Vaya jornada laboral la de ahora– me dijo mientras sonreía.
Solo pude verlo a los ojos y hacer una mueca torcida..
¿Cómo lo sabe?, pensé,
él suspiró, sacó el humo del cigarro por la boca, esperando o sabiendo que no le contestaría.
Y en efecto, pasé de largo.
A veces no ando de animo de hablar con extraños.
En algún momento pensé que mi conciencia se había materializado.
Que se había escapado y proyectado en él.
Y yo la estaba olvidando.








